Costa Tropical

La Costa Tropical, característica por su estética rocosa, es la costa perteneciente a la provincia granadina. No obstante, en la presente ruta he sumado el tramo que llega hasta la ciudad de Málaga, en la región de La Axarquía, desde donde ya empieza la Costa del Sol en dirección a Cádiz. Nosotras la hicimos en dos tandas parando en Almuñécar, pero porque sumamos otra ruta en el camino por las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama. Si no se pretende hacer esta incursión al interior, puede realizarse perfectamente en una sola etapa.

Sumo aquí también la subida a Córdoba porque la efectuamos junto con el segundo tramo de la costa, pero no tiene mayor interés en tanto que está hecha por autovía. Lo que sí aporto, en cualquier caso, es alguna reseña ociosa que hacer por la ciudad —más allá de los grandes imprescindibles que todo el mundo conoce— 😁

Salimos de la Rábita a eso de las 11 de la mañana por la carretera costera N-340 en dirección a Motril, una de las más largas de España al unir Cádiz con Barcelona. También una de las más bonitas, ya que recorre toda la costa del Mediterráneo. En este caso, el recorrido es a lo largo del mar de Alborán, la parte mediterránea más occidental, en un trayecto marcado por el olor a sal y el color inmensamente azul.

La primera parada obligatoria es en la Rijana. Es fácil de distinguir por su característica torre de planta rectangular que se ve en la fotografía, datada de finales del siglo XVI y principios del XVII. Hay numerosas torres similares a lo largo de la Costa Tropical, pero esta destaca por su situación, a lo alto de un acantilado junto al mar, y su forma. Además, hay unas áreas de descanso, primero a mano izquierda y seguidamente a derecha, grandes y accesibles, que son fáciles de ver.

Si nos aproximamos a la costa, descubriremos su hermosa playa de apenas 200 metros de longitud, de arena oscura y aguas transparentes y tranquilas, escondida bajo su escarpadura.

Torre y playa de Rijana

Hasta llegar a Motril, hay diversas paradas similares a la de La Rijana. Una vez en la ciudad, la carretera se aleja de la costa hasta Salobreña, y de un paso de allí ya se encuentra Almuñécar, municipio con el que finaliza la Costa Tropical y empieza la región de La Axarquía, en la provincia de Málaga.

Almuñécar es una ciudad bastante turística, con cada vez más construcciones hoteleras junto al mar estropeando el paisaje. Claro que esta opinión viene de una persona nacida en Menorca, donde la costa está totalmente protegida 💚 En cualquier caso, no se trata del escenario de la parte occidental de la Costa del Sol o la Costa Blanca, y pueden encontrarse bonitas imágenes incluso al lado del mar. Sin ir más lejos, y separando la playa de Almuñécar y la playa de San Cristóbal, está el peñón del Santo con un mirador desde el que se ven los peñones de San Cristóbal que da a mar abierto. También, y gracias a su altura, puede verse la antigua fortaleza árabe de la ciudad, cristianizada como el Castillo de San Miguel, y las montañas, que propician el clima que da nombre a esta costa. A los pies del mirador se alza una estatua de Abderraman I, único superviviente de los Omeya, que arribó a las costas de Almuñécar en el 755 y proclamó el emirato de Córdoba independiente de Bagdad.

En su interior, Almuñécar guarda el casco urbano característico de las localidades andaluzas de estrechas calles. Y aunque no encontré ningún restaurante vegano, o por lo menos vegetariano, sí me prepararon una riquísima pizza —sin mozzarela— de verduras en un bar de la plaza de la Constitución del que no consigo recordar el nombre. Como referencia, diré que entre otros platos tenían falafel —que al conocer que era vegana me trajeron como tapa con la caña— y se encontraba situado en la fachada perpendicular a la del Ayuntamiento que, mirando hacia él, le queda a mano derecha.

Calle del casco urbano de Almuñécar
Barca Vizcaya junto al peñón del Santo
Playa de San Cristóbal

Si entráis en Almuñécar, recomiendo encarecidamente salir por la avenida del Mediterráneo donde se encuentra la casa-barco de Pepe —José Pérez Ruiz, maquinista naval de la marina mercante—. Es increíble. No pongo foto porque no tengo 😂 y porque creo que merece la pena descubrirla en vivo y llevarse la sorpresa de desenmascarar de pronto, entre las distintas casas, lo que realmente parece ser un inmenso barco, con sus propias redes y ojos de buey.

En este tramo de la ruta, sobre todo a partir de Nerja donde empieza La Axarquía y hay que hacer una parada en la Cueva de Nerja, para la que es recomendable comprar las entradas de forma anticipada por internet, baja considerablemente la altura a la que está situada la N-340 hasta nivelarse con el mar y se mantiene así hasta Málaga ciudad. Además, vuelven a desaparecer durante un largo trecho las grandes construcciones, y da la sensación de que puedes parar en casi cualquier momento para darte un chapuzón a solas en el mar. En realidad, y pese a que fuimos a principios del mes de mayo, nosotras nunca llegamos a encontrarnos completamente solas para hacerlo, pero casi casi. Vale la pena ir parando a cada poco que apetezca, ya sea aprovechando unas veces para darse un baño u otras para, simplemente, disfrutar de la bella serenidad del lugar o tirar unas fotos. Y es que en el momento en que se empiezan a atravesar  localidades de playa como Torre del Mar, todo este paisaje se acaba.

Cueva de Nerja (Jullit31 (2010), Wikipedia)
Gaviota sobrevolando el mar de Alborán
La N-340 junto al mar
Tomando fotos en la costa de Torrox
Parada junto a los característicos invernaderos de la costa andaluza

Al acercarse a Málaga hay dos opciones: rodearla por las circunvalaciones o entrar en ella. Si se decide entrar con la idea de hacer solamente una parada, la N-340 lleva directamente hasta al puerto, donde además luego puede salirse prácticamente en línea recta a las autovías. No tiene pérdida.

Desde aquí, nosotras subimos a Córdoba por la A-45 sin apenas pausas para poder llegar a la hora de comer. En la ciudad ya hay una mayor oferta hostelera y pueden encontrarse diversos sitios con opciones veganas, aunque propiamente veganos no encontré ninguno. Sin embargo, sí di con una app llamada Córdoba Vegana en la que aparecen los distintos establecimientos con alternativas sin crueldad animal que resulta útil aunque podría mejorarse con una descripción más detallada de lo que sirve cada uno de los lugares que aparecen. Echando un ojo ahora, veo que existe un blog llamado Córdoba Animalista en el que también aparece un listado que, aunque a simple vista parece el mismo, tiene algunos aportes en los comentarios de la gente.

Nosotras cenamos en un restaurante, que encontré mediante dicha app, llamado La Bicicleta y declarado “veganfriendy” —un concepto sbre el que tengo cierto recelo pero que realmente alegra encontrárselo en un apuro—. La verdad es que no sólo era acojedor y diferente, sino que además tenía una cocina imaginativa y buenísima. Estéticamente, tiene más imagen de bar que de restaurante, y está especializado en zumos naturales. Sin embargo, tiene una carta que a la par de sencilla es muy completa. Yo pedí el salmorejo de aguacate con nueces y manzana —impresionante— y @moterorojo la mazamorra —que es típica pero no la conocíamos— con uvas rojas. Salimos encantadas, y repetiré sin duda alguna en cuanto tenga la oportunida 💕

Ni qué decir que Córdoba es una ciudad hermosa donde las haya. Yo volví a entrar al Patio de los Naranjos por la calle del Mesón del Sol como la primera vez y vislumbré su majestuosa torre entre intensos rayos de sol. La mezquita es de visita obligada, como también lo es perderse por sus estrechísimas calles y cruzar el Guadalquivir para verla desde el otro lado como una postal. En esta ocasión también entré en la Galería de la Inquisición, situada en la Judería, con una exposición de una colección privada de los distintos artefactos de tortura utilizados en uno de los episodios más negros y sangrientos de nuestra historia que, por desgracia, con el asesinato de Salvador Puig Antich por garrote vil por orden del dictador Franco en 1974, se ha extendido prácticamente hasta nuestros días. Algo que, curiosamente, se menciona de pasada en el museo y trata de quitársele hierro, aunque en el conjunto de todo lo exhibido queda poco espacio para justificaciones de ningún tipo.

Patio de los Naranjos, Mezquita de Córdoba
Casco histórico de Córdoba desde la otra orilla del Guadalquivir
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